Alimentación y Alzheimer

Alimentación y Alzheimer

La alimentación en la tercera edad es de suma importancia.

El Alzheimer ya afecta en nuestro país a millones de personas, y el número crece cada año. El reto común de asociaciones, investigadores y familias que cuidan de los enfermos es el de contribuir a mejorar su calidad de vida. En este contexto, la alimentación juega un papel relevante, ya que la pérdida de peso y la desnutrición son habituales y se asocian a un aumento de la morbilidad y la mortalidad.

 

Los problemas inherentes a la enfermedad, como son la pérdida de la independencia, la dificultad para orientarse, los desórdenes en el comportamiento alimentario y la de ambulación frecuente, influyen en el adelgazamiento que se incrementa con severidad a medida que va pasando el tiempo y el mal va progresando. La información sobre el manejo dietético y los problemas nutricionales es fundamental para los profesionales de la salud y las familias.

 

La cruda realidad de la alimentación

 

A pesar de que no hay evidencias que demuestren una relación inseparable, sí suele asociarse la desnutrición a las personas con Alzheimer.

 

El deterioro de la memoria y del juicio puede interferir en la vida alimentaria. No hay evidencias científicas sólidas que vinculen los factores nutricionales a la causa de la enfermedad de Alzheimer, pero la desnutrición y la pérdida de peso son compañeras frecuentes de las personas que la padecen.

 

Se llega a la malnutrición o desnutrición por diversas razones; la pérdida de memoria influye hasta el punto de olvidar cosas tan básicas como hacer la compra, almacenar los alimentos en la despensa o en el refrigerador. Se dan cambios tan sutiles en los primeros estadíos que ni siquiera la familia se da cuenta de que la persona con Alzheimer no se está alimentando bien. El olvido de las preferencias alimenticias, y parece ser que hasta de los gustos, y la dificultad en percibir los aromas y saborear un buen plato son algunas de las causas por las que se pierde el apetito y se come menos.

 

La atrofia de ciertas regiones cerebrales implicadas en la regulación de la conducta alimentaria podría estar relacionada con la pérdida de peso severa y la deficiencia de nutrientes entre ellos las vitaminas B1, B9 y B12, y proteínas como la albúmina, derivada de la mala alimentación, que, a su vez, incrementa el deterioro cognoscitivo.

 

Con el progreso de la enfermedad, aparece la de ambulación, la agitación y la intranquilidad, responsables de un gasto calórico hasta de 1,600 kilocalorías más de lo habitual para las características físicas del individuo. Si se come menos y se gasta más, el resultado es fácil de predecir; se favorece la pérdida de peso que puede ser la antesala de infecciones, enfermedades oportunistas y complicaciones de salud, que lo único que hacen es ensombrecer una calidad de vida de por sí ya muy reducida.

 

Actitudes y aprendizajes prácticos

 

Según Manuel Velasco Suárez, del Laboratorio de Nutrición del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México, “la anorexia puede darse en estadíos avanzados de la enfermedad y asociarse con la pérdida de peso y con la toma de medicamentos como los opioides”. “Por otro lado, la disfagia se ha reconocido como una causa de muerte inmediata en el 33% de los pacientes afectados por Alzheimer”, añade. Por este motivo, es fundamental entender el nexo tan importante entre la enfermedad y la alimentación y, consecuentemente, ofrecer toda la información posible a las personas responsables de los enfermos.

 

Olvidarse de uno de los cuidados fundamentales hacia uno mismo, como es el de alimentarse, comporta todo un abanico de aspectos que se deben tener en cuenta. Así como evaluar hasta qué punto la persona puede prepararse su propia comida.

 

Menús adaptados

 

El aporte suficiente de ácidos grasos esenciales, de ácidos grasos omega 3 (DHA y EPA) y ciertas vitaminas (B1, B6, B12) mantiene la integridad estructural y funcional de las neuronas, células especializadas del sistema nervioso. Varias líneas de investigación sugieren que los ácidos grasos omega 3, en concreto, pueden desempeñar un papel relevante en la fisiopatología, la terapia o la prevención de esta enfermedad.

 

Es muy útil elaborar una lista semanal de menús tipo, equilibrados y variados y organizar la lista de la compra y su posterior almacenamiento. En esta tarea la atención más especial se debe dirigir al estado de conservación de los alimentos, a la utilización de los objetos cortantes y afilados y, sobre todo, a que las instalaciones de la cocina sean seguras.

 

Cuando ya se han olvidado ejecuciones de actividades relacionadas con la comida tan elemental como el uso de los cubiertos, hay soluciones sencillas que pueden ayudar a ralentizar la pérdida de facultades. Las comidas familiares ayudan a que el enfermo se sienta reconocido y pueden facilitar un mejor uso de los cubiertos por imitación. También resultan muy útiles en estos casos los cubiertos adaptados, los platos irrompibles y los vasos antiderrapantes. Además, se pueden cocinar alimentos que la persona pueda comer con la mano.

 

Al margen de las pequeñas y prácticas soluciones a cada problema, uno de los puntales en la ayuda a los enfermos es una conducta flexible por parte de los cuidadores. Los trastornos del comportamiento alimentario hacen de quienes padecen Alzheimer personas completamente dependientes y, por eso, el respeto a su nuevo ritmo de vida y las acciones encaminadas a preservar al máximo su independencia y dignidad son la base de la relación.

 

Recordemos que las personas con Alzheimer no saben quiénes somos nosotros, pero nosotros sí sabemos quién son ellos, por tal motivo debemos tratarlos con respeto y amor.

 

Los adultos mayores necesitan los mismos nutrientes (proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales) que los jóvenes, pero en cantidades diferentes.

Autor:

Lic. Nut. Guillermina Rodríguez Gallegos

MSP. CN.

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